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Una breve introducción a la situación actual en Velmegun. ¿Qué es lo que ocurre dentro y fuera de esta ciudad? Es evidente la sobrepoblación y no hay cierto control, a pesar que, los que se encuentran en la cúspide de la sociedad, la dictadura irónicamente no tienen el poder, sobretodo en los subsuelos; se sienten impotentes. Ahora la escuela militar está en busca de reclutas, para un futuro próspero y mejor ante la criminalidad. Estos anuncios son obligatorios para jóvenes saludables más de 15 años de edad. Mientras tanto, más allá de la ciudad enclaustrada entre las murallas, se encuentra esparcida la infección que invadió el resto de la tierra. O eso es lo que los medios dicen, más allá, todo es un misterio y los ciudadanos comunes sólo pueden murmurar entre ellos o confiar en la información de Queen Bee, quien gobierna los medios de comunicación.
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La temática se debe gracias a una tarde loca en un servidor de discord. La idea ha surgido de la cabeza de los administradores y moderadores, así como también de usuarios. Se agradece enormemente a cada una de las personas que tuvieron su influencia en el mismo, así como también su apoyo inmensurable en esta idea loca surgida de un simple comentario, “¿Y si hacemos un foro?”. A todos aquellos que lo secundaron, miles de gracias.
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Skin of pride [Priv]

por Nikolaus von Falkenhörst el Dom Sep 16, 2018 1:11 am

Skin of pride

♦ Lab.— Sumergido en la profundidad de los recuerdos latentes de aquella última batalla, se vio inmerso, rodeado de aquel sentimiento fúnebre que invadía su razón. El polvo se levantaba medida que los disparos resplandecientes de los invasores golpeaban la tierra, convirtiendo a sus aliados en cenizas. Los gritos de dolor entonaban un canto desconsolador, anunciando la inminente derrota. El sentimiento de responsabilidad aun rugía en el corazón del albino, quien levantó su espada contra un enemigo invencible. Aun con sus piernas heridas y su hombro dislocado, fue de frente en contra de las maquinas asesinas, arriesgando su vida para entonces, de forma intrépida, montarse en una de ellas y asesinar al piloto. Con el poco conocimiento que tenía sobre los artefactos alienígenas, el hombre se las ingenió para conducir aquel vehículo en contra de sus enemigos, creando el caos entre las filas de los invasores. Aquel acto suicida le dio la oportunidad a sus hombres de retirarse, todo a cambio de su propia vida. El fuego inundó su campo y entonces, los recuerdos comenzaron a nublarse. Apenas recordaba las intervenciones médicas, el pabellón en el cual le salvaron la vida, los doctores que gritaban aquel llamado a mantener su consciencia. Fue así como la visión se tornó oscura.

Sin darse cuenta, ocho meses desde aquel incidente habían pasado.

Abrió los ojos. Pestañeó. Intentó visualizar el salón de laboratorio en donde lo habían sedado, recobrando la consciencia más rápido de lo que su visión lograba obtener una imagen nítida de sus alrededores. Aun sentía su brazo derecho, con aquel molesto picor de la jeringa conectada a sus venas. Movió su cabeza para entonces, ver su brazo izquierdo. Más allá del hombro, no debería haber absolutamente nada, un triste recordatorio de cuan temible eran sus oponentes, de qué tan cruel podía ser el campo de batalla. Había perdido el brazo, más, las arterias yacían conectadas a pequeños tubos que poco a poco, iban enrollándose en los circuitos de un aparato mecánico, unido a lo que alguna vez fue el muñón de su brazo izquierdo. Y aunque el tacto de aquella extremidad se ausentaba, su mente poco a poco comenzaba a asimilar la sensación de movimiento, logrando levantar su prótesis biomecatrónica. Un miembro importante de su cuerpo que había recuperado gracias a la ciencia.

Un sentimiento de vacío comenzó a ser eclipsado, al este albergar fuertes emociones por su nueva adquisición, más bien, un regalo que le habían otorgado. El albino sintió felicidad, una que se extendía por toda la parte orgánica de su cuerpo, dándole una sensación inconmensurable de dicha se hallaba en aquel espacio en su pecho, reemplazando ese pesimismo que arrastraba a Nikolaus hacia un mar de frustración. Ahora, él era al fin libre del martirio que creía sufrir al verse alejado de sus aspiraciones, entre sueños rotos y ambiciones perdidas.

Sin embargo, aun cuando él se sumergía a sí mismo a un incierto futuro, el militar no podía negarle a nadie cuan afortunado fue al momento de casarse, pues un rayo de luz iluminaba su vida, uno que, por apático que fuese el hombre, su blanquecino manto aun era capaz de recubrir cada esquina de su espíritu, y es que la mujer con quien se había casado le había tendido su mano, dándole el empujón que necesitaba para no caer en un abismo, impidiendo quedar en manos de aquel fantasma que acechaba a Nikolaus desde su infancia, el fracaso mismo personificado como su más grande y terrible pesadilla. Y los malos sueños se fueron, extintos por una calidez inusual en su pecho, el sentimiento que él mismo pensó jamás iba a compartir con otro humano, pero ahí estaba, ardiendo en su corazón, aun cuando el orgullo intentase opacarlo creando una máscara de frialdad, Nikolaus von Falkenhörst jamás podría negar lo que siente por su esposa.

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Re: Skin of pride [Priv]

por E. Adele von Falkenhörst el Jue Sep 20, 2018 11:38 am

Skin of pride

♦ Laboratorio.— Intentaba aplacar la angustia más le resultaba una injuriosa tarea; su alma parecía deslizarse con celeridad en la inquietud, exhortando a su corazón a ejercer aquel desenfrenado latir. ¿Cuánto tiempo había transcurrido ya? Evitaba meditar demasiado, más su abstracción tendía a apresarla en aquel profundo mar de disociaciones. Incontables incógnitas deambulaban como errantes almas en pena en su consciencia, circunstancia que la sumía en una violenta incertidumbre, que turbaba con fuerza su espíritu. Suspiró, con una larga y extenuada exhalación. Las noticias corrían, situación que le generaba un cáustico desasosiego. Generalmente, sus ánimos no se mostraban tan endebles, no obstante, para aquellos instantes, su naturaleza se aturdía ante la fluctuación, escurriéndose en una palpable angustia que se exhibía en aquel incesante golpeteo de su zapato.

Las pulcras facciones de su rostro consumaban una tenue expresión de angustia, sin embargo, trataba de mantenerla a raya, evitando realzarla para obtener la atención de sus compañeros y del personal de investigación. Comprendía que los sentimientos debían de ser desterrados y que lo realmente sustancial era erradicar los desperfectos de los soldados que intentaban, con valor y determinación, salvaguardar las esperanzas que aún acobijaba la humanidad. Las variables eran feroces más las calamidades habían calado con fuerza en el esqueleto que aún sostenía la sociedad, obligando a la misma a mostrar una insensata crueldad. No lo comprendía, no obstante, resultaba evidente; la piedad había sido desplazada con brusquedad y lo verdaderamente trascendental se exponía en aquella ilusoria victoria que aún era incapaz de afianzarse a las manos de una población sumida en la miseria.

A pesar de todo ello, no podía evitarlo; por más que la exhortaran a abandonar su humanidad, se le concebía imposible. La honra aún se afianzaba a aquel valeroso espíritu y era la candidez el combustible de sus complejos sentimientos, emociones que la impulsaban a ansiar proteger las vidas que le eran destinadas como personal médico. Sin embargo, no sólo su deber originaba aquella incertidumbre, sino que además, el amor parecía comprimir su espíritu, a tal punto que le resultaba inclusive, doloroso. ¿Cómo consentir aquella decisión? Cuando el hombre que más amaba consideraba que su vida se había extinguido, luego de aquel accidente. Con todo, discurría en el sufrimiento ajeno, comprendiendo su perspectiva, situación que lograba aplacar esa insolente incertidumbre que avasallaba totalmente sus ánimos.

El tiempo había sido su más preciado consejero, mostrándole en los secretos rincones de su habitación, las respuestas pertinentes a las dudas que corrían con violencia en su introspección. Aquella investigación pudo haber sido infructuosa, a pesar de ello, le habían notificado la veracidad del pronto éxito. A causa de ello, solicitó ser una de las primeras almas en verle, para así admirar de una vez por todas, la posible placidez de aquel militar. La preocupación la exhortó a mantenerse alerta, conociendo los pro y los contra de aquel procedimiento, más confiando efímeramente en quienes le practicarían aquello.

No fue capaz de intervenir en la tarea; los científicos y cirujanos se mostraban renuentes ante la idea de permitirle el paso, sin embargo, no podía quejarse, aquel era un pequeño precio que debía de pagar. No lo comprendía del todo, no obstante, agradecía mantener aquel tipo de contactos que le otorgaron aquella habilidad perdida a quien era uno de los pilares más fuertes que erigía su propia existencia. Entonces y sin sopesarlo demasiado, se adentró hasta el laboratorio, avanzando con rapidez, hasta el ala donde le habían indicado la ubicación de aquel.

Los orbes esmeralda se escurrieron por los distintos espacios del impecable lugar y cuando al fin pudo divisar la puerta que le separaba de su esposo, desbloqueó la misma, mostrando su identificación. Lo dudó durante unos instantes más al admirar cómo poco a poco el cuerpo inerte del albino parecía moverse con suavidad, decidió simplemente avanzar hasta él.

Nikolaus —llamó, con un tono suave, atentando contra el espeso silencio de la sala—. ¿Cómo te sientes? —Indagó, reprimiendo aquellas ansias de tocarle—. ¿Estás bien? —Continuó, esta vez admirando la prótesis que sustituía aquel brazo perdido en batalla.

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Re: Skin of pride [Priv]

por Nikolaus von Falkenhörst el Vie Oct 19, 2018 1:58 am

Skin of pride

♦ Lab.— Alzó entonces la mano, para admirar los circuitos que se mezclaban y recorrían las articulaciones, forjadas con acero. Era tal la plenitud de su alma que, una sonrisa escapó de sus labios, ahogando así la agonía que acongojaba su ser. Era aquel una señal que le hacía encontrar el camino, poder retomar su camino hacia sus sueños. La pesadilla había acabado, era hora de levantarse y regresar a su honorable vida de capitán, asignado para cumplir con su deber con su raza, guiar a la humanidad hasta el progreso, destruir las sombras de los invasores, exterminar la plaga y reconstruir la grandeza de los humanos. Así, cuando el planeta hubiese sido recuperado en su totalidad, la bandera de su familia yacería grabada en los libros de historia, sin detenerse necesariamente ahí. Tenía esa fe absoluta en que sus hijos, y los hijos de sus hijos, seguirían haciendo hazañas que traerían honor a su familia. Ese era el sueño de todo Falkenhörst, cumplir su deber para con su apellido.

Las semillas ya habían sido plantadas, y ahora crecían, firmes, criados por la disciplina de un militar, bendecidos por el cariño de una familia unida, conocedores del amor, y también de la responsabilidad. ¿Qué más podría pedir un hombre? En su tiempo en casa, cuando creía que todo estaba acabado, pudo entender de cuan ciego había sido al pensar que su corazón estaba desolado, atravesado por la desesperanza. Le costó descubrir la luz por la cual siempre había sido rodeado, el amor incondicional de los herederos que había forjado, empleando todo su ser en aquella tarea como progenitor, y sobre todo, el increíble afecto que su amada le otorgaba, su preocupación por atenderlo, levantarlo y llevarlo hasta aquel momento, donde toda esperanza había vuelto a él. Se sentía en el fondo, avergonzado, herido por la sombra del egoísmo, aquel orgullo roto que había provocado un cataclismo en sus adentros. Jamás había estado solo, y nunca conocería tal sentimiento en lo que le restaba de vida.

Y ahí estaba, cruzando la puerta para llamar por su nombre, la mujer más hermosa en la faz de la tierra, vistiendo tan pulcra y elegante. Su cabello sutilmente amarrado tras su nuca, mechones castaños que caían como cascada por sus mejillas, y esas esmeraldas que miraban tan intensamente a su persona. Nikolaus no dudó ni un instante. Quitándose los tubos que aun se mantenían adheridas a su piel de un manotazo, se apresuró a levantarse para ir con su esposa. Adquiriendo un inusual comportamiento, el militar tomó a la mujer de la cintura, dando instrucciones mentales a su prótesis para actuar como lo hubiese hecho el miembro original. Levantó así a la castaña por los aires, para girar sobre su propio eje, riendo mientras ejecutaba tal acción.- ¡Estoy mejor que nunca! – Los doctores y demás científicos intentaban frenar aquel acto tan repentino, preocupados por la reciente recuperación de Nikolaus, pero el hombre omitió aquello, solo tenía deseos de rodear a su esposa con sus brazos, y entonces, eliminando la distancia, rozar sus labios contra los suyos. Su voluntad se manifestó con fuerza al tomar a la fémina, apretarla contra su cuerpo mientras que besaba con intensidad a la contraria. Fue como si un mar de alegrías bañase la totalidad de su interior, albergando al fin la dicha de reunirse con Adele y compartir con ella aquella felicidad que lo recorría.

Así, aquel frío y poco empático militar se abrió ante otros, cuando demostró que él era mucho más que ese hombre severo, intransigente y apático. Ahora se demostraba tal cual era en su hogar, una persona capaz de amar a los otros, sentir aquel intenso placer por reunirse con su familia. Nikolaus era humano, al fin y al cabo.

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Re: Skin of pride [Priv]

por E. Adele von Falkenhörst el Vie Oct 19, 2018 9:05 pm

Skin of pride

♦ Laboratorio.— No pudo evitarlo; sus orbes recorrían con especial fijación aquel nuevo componente que se adhería suntuoso a la anatomía del albino. Admiró los detalles que se realzaban con sutileza y las diversas partes mecánicas que se exhibían medianamente rústicas. Todo un compendio de fragmentos que intentaban simular la grandeza de un miembro orgánico. La expectación bailoteó con languidez sobre sus facciones e intentando contenerla, se arraigó a un rígido silencio. ¿Qué más debía decirle? Como dagas ardiendo, las diversas miradas de los científicos y demás doctores se afianzaron a su esencia y, evitando recaer en aquel detalle, retuvo un mayor escrutinio de la sala. Sus nervios se mostraban inestables; la incertidumbre al parecer, había consumido su tranquilidad y aunque admirase el buen estado de su esposo, aún se mantenía susceptible.

Verídicamente, aquel hombre poseía una extraña habilidad que le consentía turbar los ánimos de la castaña, con una inaudita capacidad que calaba con profundidad en su alma. Un jadeo murió en sus labios, al admirar cómo, con una incongruente brusquedad, removía las diversas mangueras y catéteres que se adherían a su cuerpo. La dama que había detenido su paso, avanzó con rapidez hasta él, alzando sus manos en la dirección del contrario, tratando de evitar con ello, su movimiento. —¿Q-Qué estás haciendo? —Indagó, de forma instintiva—. No te muevas, Nikolaus —su voz fue abrazada por un tono severo, rigidez que contrastaba con fervor con la preocupación que se mantuvo vigorosa sobre sus facciones.

Sin embargo, fue incapaz de comprenderlo. La presión que oprimió con suavidad la zona de su cintura, le indicó que su esposo había exiliado la razón. Más, no podía simplemente cohibir su felicidad, no cuando la alegría había embargado aquella errante alma que en el pasado, se había deslizado en un profundo mar de desesperación. La mirada de la mujer se asentó en el rostro del capitán y escudriñando en su expresión, pudo discernir en su totalidad, el entusiasmo que regocijaba su esencia.  Sin meditarlo en demasía, la diestra e izquierda ascendieron hasta los hombros desnudos del militar y afianzándolas a aquellos, se instó a corresponder a la pronta demanda del mayor, con un retraimiento contenido en tenues caricias que delinearon con detalle, la piel expuesta de su cuello. A pesar de todo, se prohibió escurrir su espíritu en aquel sentir, al distinguir las diversas presencias que curiosas y otras tantas preocupadas, intentaban hacerle reflexionar. Sin más, su rostro buscó alejarse escasamente del opuesto masculino y al exhalar con calma, sólo se concedió admirarle, con una fijación que encubría una auténtica devoción.

Nikolaus —sus labios se movieron con lentitud, mientras que su voz se exhibía finalmente sosegada—. Debes descansar —indicó, desviando sus manos hasta las ajenas, tomando ambas para posteriormente, guiarlo de vuelta hasta la cama.

Un suspiro abandonó sus labios, una vez lo instó a tomar asiento. Desconoció entonces el si su presencia había sido pertinente en aquella sala, al visualizar las mangueras y cánulas, ahora guindando desde las medianas alturas. A pesar de todo, no pudo contenerse, exhortándose a aproximar la diestra hasta las hebras blancuzcas, peinando las mismas, despejando así sus facciones. Una tenue sonrisa bailoteó sobre sus comisuras y virando escasamente su rostro hasta sus compañeros médicos, les indicó que podían proceder a visualizar su estado, luego de aquel accionar tan repentino.

Era incapaz de desearlo, sin embargo, se obligó a hacerlo; unos escasos pasos mantuvieron la misión de separarla de su esposo, todo para permitir el adecuado desenvolvimiento del personal. Admiró los gestos de aquellos y el cuidadoso proceder de los médicos y científicos. Supuso entonces que debía de curar las posibles heridas que habían sido desencadenadas a causa de la brusca conducta del capitán. Por lo tanto y al advertir que la tarea de aquellos había finalizado, se aproximó hasta el albino, dirigiendo con sigilo sus manos hasta las heridas, las cuales palpó, para luego disponerse a impulsar su habilidad como metahumana.

Debes ser más cuidadoso —articuló, en un susurro, admirando por el rabillo de su ojo, a las escasas personas que se disponían en el área; Adele no podía participar en su proceso de recuperación, sin embargo, conjeturaba que podría romper una pequeña norma.

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